El país ingresa a un nuevo proceso de renta anual en un escenario marcado por transformaciones relevantes en el Código Tributario. Las recientes modificaciones en materia de antielusión y evasión no solo actualizan el marco legal, sino que redefinen la relación entre contribuyentes, asesores y la autoridad fiscal. Este año, más que nunca, el cumplimiento tributario deja de ser un ejercicio meramente declarativo para convertirse en un espacio donde la sustancia económica, la coherencia documental y la trazabilidad financiera adquieren un protagonismo ineludible.
Las reformas apuntan a cerrar espacios que históricamente permitieron prácticas elusivas difíciles de sancionar. La Norma General Antielusión se fortalece, otorgando al Servicio de Impuestos Internos una capacidad interpretativa más clara para identificar estructuras que, aunque revestidas de formalidad, carecen de propósito económico real. La distinción entre abuso y simulación se vuelve más precisa, reduciendo la ambigüedad que durante años dificultó la aplicación efectiva de estas figuras. A ello se suma un mensaje contundente: los asesores y facilitadores que diseñen o promuevan esquemas elusivos también enfrentarán consecuencias más severas.
En paralelo, la lucha contra la evasión se moderniza. La autoridad fiscal ha invertido en herramientas tecnológicas que permiten un cruce de datos más sofisticado, apoyado en modelos predictivos y análisis masivo de información. Las facultades de fiscalización se amplían, especialmente en operaciones transfronterizas, reorganizaciones empresariales y transacciones entre partes relacionadas. Las sanciones, por su parte, se endurecen, enviando una señal inequívoca sobre la importancia de la transparencia y la veracidad en la información declarada.
Todo esto configura un SII que llega al proceso de renta con una estrategia más afinada. La revisión de operaciones complejas será más exhaustiva; la coherencia entre lo declarado y la realidad financiera será observada con mayor detalle; y los modelos de riesgo permitirán focalizar esfuerzos en contribuyentes y sectores donde las probabilidades de incumplimiento son más altas. La autoridad no solo cuenta con más herramientas, sino con una visión más integral del comportamiento tributario.
En este contexto, la asesoría tributaria adquiere un rol decisivo. Las empresas ya no pueden limitarse a cumplir formalidades: deben demostrar sustancia, justificar decisiones y anticiparse a eventuales requerimientos. La documentación de respaldo se vuelve un pilar estratégico, especialmente en transacciones intragrupo, reorganizaciones y determinación de bases imponibles. La prevención, más que la reacción, se convierte en la clave para navegar un entorno regulatorio más exigente.
En BBSC® entendemos que este nuevo ciclo tributario exige acompañamiento técnico, visión estratégica y una ética de cumplimiento que fortalezca la reputación corporativa. Las modificaciones al Código Tributario no solo buscan sancionar malas prácticas, sino promover un ecosistema empresarial más transparente, competitivo y sostenible. Prepararse adecuadamente para este proceso de renta no es solo una obligación: es una oportunidad para consolidar confianza, orden y claridad en la gestión tributaria.
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